REFLEXIÓN:
CÁMARA LÚCIDA
El autor de este libro nos
habla acerca de la fotografía como un objeto irrepetible, a pesar de su
reproducción en mecánica, lo irrepetible cabe en la experiencia, aquella que no
se vuelve a presenciar.
A través de su
experiencia Barthes nos relata su
práctica en la foto, y la percepción que tiene acerca de ello.
Algo que ha llamado mi
atención es la manera en que posiciona a la fotografía, definitivamente es lo
que me ha parecido más importante del libro, “No hay fotografía si no algo o
alguien…” pág. 31. Esto nos indica que la fotografía no habla de fotografía, si
no de lo fotografiado, de lo retratado, lo captado, la imagen en sí, notamos lo
que esta nos ofrece, pero no vemos la fotografía como objeto, si no como sujeto
(s), esto me remite en contraposición con el escrito de Susan Sontag, donde
ella refiere totalmente lo contrario, posicionando al sujeto como objeto de la
fotografía.
Barthes analiza el acto
fotográfico en tres “prácticas”: hacer, experimentar y mirar.
“Entonces cuando me siento
observado por el objetivo, todo cambia, me constituyo en el acto de posar, me
fabrico, instantáneamente otro cuerpo, me transformo por adelantado en imagen…”
La anterior cita me parece
tiene un vínculo con el texto de Ritchin donde habla acerca de la evolución de
la fotografía, y la evolución del sujeto junto con ella en donde ya somos parte
de una imagen porque nos asumimos como ella, lo que me lleva de manera instantánea
a la obra de Cindy Sherman.
” ¿A quién le pertenece la
foto, al sujeto (fotografiado) o al fotógrafo?”
Cindy Sherman se pre-fabrica para fotografiarse
y así volverse objeto de la imagen, sin embargo asume ser quien no es, por
tanto se apropia de la fotografía, y pasa a ser de solo una fotografía a una
experiencia fotográfica, cumpliendo con los principios haciendo, experimentando
y mirando, como nos lo indica Barthes.
El autor enfatiza en las
fotografías que no son de su agrado para explicar de manera más objetiva la
imagen e incluso entrar en contradicciones, lo que es menester mencionar sin
embargo no fue de lo que más llamó mi atención.
Un punto de suma importancia
es la comparación que hace el autor y me parece muy atinado, ya que se compara
a la fotografía con la pintura de diversas maneras, pero jamás la había pensado
de esta, y es que el autor coloca en cuestión del referente, la realidad vista
desde el objetivo y no una realidad fingida aumentada pero sobre todo
idealizada, algo que en la fotografía es difícil realizar ya que la fotografía
(a pesar de que el fotógrafo elija la posición el objeto y lo que quiere
captar) la fotografía se potencializará por sí misma, ya que es un fragmento
tomado de la realidad.
“El fotógrafo debe luchar tremendamente para
que la fotografía no sea la muerte, pero yo objeto ya no lucho…”
Cuando se tiene una
fotografía enfrente, su interpretación dependerá del momento y el estado entre
otros factores en los que se encuentre el espectador. Al igual intervendrán las
vivencias sentimentales de quien está viendo la foto, así como el detenimiento
con el que observe la misma. No será lo mismo ver una foto de re-ojo a verla
con calma, verla detalladamente.
Una fotografía no necesita
ser “profesional” para que sea “buena”, sino se verá “buena” dependiendo de sus
experiencias, saberes entre otros, del espectador. Esto interviene en decir si
la foto es “buena” o “mala”, por lo mismo no es predecible como reaccionaran
los demás ante la misma, el autor puede formar un criterio sobre esta por las
circunstancias que ha vivido.
Para que una fotografía le
atraiga debe de “transmitirle” o provocarle alguna sensación ya sea emocional o
física, algún recuerdo.
La fotografía no se puede
decir si es buena o mala, sino que se considera "buena" por el
contexto, recuerdo, etc. que tengan los espectadores. Su interpretación
intervendrá con algo que a ellos les cause algún sentimiento, vivencia entre
otros factores. La fotografía al igual que muchas más cosas se resume a lo
subjetivo.


