lunes, 3 de febrero de 2014

HISTORIAS DE LISBOA

Wenders insiste en un ensayo en el que nos habla de sus obsesiones. No hay atisbo de la conmoción ni de la plasmación de la belleza sobre la que teoriza en esta cinta. Todo eso Wenders lo recita de carrerilla pero no lo ejecuta.
Esas reflexiones son, en mi opinión, indudablemente interesantes, esa búsqueda de la pureza en la imagen, de algo que tenga realmente sentido, hasta qué punto eso es compatible con la inevitable contaminación de la mirada de un director.
Todo ello es típico en Wenders e incluso de su forma de trabajar en determinadas etapas de su carrera como director. También son disfrutables los puntos de humor liviano que, desde el principio con una construcción cercana al del cine mudo y la presentación del protagonista, van apareciendo sin sobresaltos a lo largo de la cinta.
Wenders delibera sobre la imagen, sobre su significado y el peso que tiene en nosotros (no en vano el discurso del alemán siempre fue más allá de un uso puramente narrativo de la imagen, tratando de extraer realidad a través de la improvisación). Reconstruye el mecanismo, nos muestra los muelles, los engranajes, pero no le da vida y acaba estirando lo que nos cuenta hasta derretir nuestra atención.
Por supuesto lo ideal es que esa teoría se hubiese plasmado en imágenes que es, precisamente, lo que Wenders defiende en la película. Y es que eso de alargar la búsqueda del amigo con imágenes de Lisboa, golpes pseudo-humorísticos, para al final culminar con monólogo brasa del amigo.
La conmoción en Wenders está disecada, acotada por alfileres que nos señalan con detalle qué es cada cosa, y  eso que el alemán lo intenta en su retrato de una postal de Lisboa, en esa fugaz historia de amor, en cierta ternura, en la contenida hipnosis de las actuaciones de Madredeus,  pero se queda en el intento.


sábado, 1 de febrero de 2014

DZIGA VÉRTOV

Chelovek s kino-apparatom (El hombre de la cámara)
Es la película más representativa de Dziga Vértov, parte activa del cine de vanguardia ruso, y cuyas obras experimentales (como esta película) ofrecieron un nuevo modelo de documental.
El cine de Dziga Vértov adquiere su forma durante los años en los que estuvo trabajando para el Comité de Cine de Moscú tras la revolución (1918), y en donde coincidió, entre otros, con Lev Kuleshov, quien llevaba a cabo sus propios experimentos sobre el montaje en el llamado “Efecto Kuleshov”, demostrando la importancia que tenía este en el estado de ánimo del espectador y el propio texto de la obra. Este entorno se convirtió en el caldo de culto para el cine de Vértov, quien junto a otros dos cineastas (entre los que se encontraba su futura esposa, Yelizaveta Svilova), formaron el denominado grupo Kinoki, donde desarrollarían su teoría del Cine-Ojo, principal legado de Vértov, junto a la serie de noticiarios Kino-Pravda, o Cine-Verdad. El motivo principal de la teoría del Cine-Ojo es la de conseguir un cine totalmente objetivo, lo que supone un total rechazo del guion, escenografía o actores profesionales. Busca el cine en su estado más puro, alejado de la influencia del teatro o la literatura. La cámara capta más que el ojo humano (de ahí el nombre de la teoría) y utiliza el montaje para unir los fragmentos de realidad, sin ningún tipo de carácter emocional. Vértov buscaba, básicamente, la verdad de la realidad, conseguida a través de la cámara, que capta lo que el ojo no es capaz, y el montaje, como nexo de unión de esa realidad para forma un todo global.
Esa búsqueda de la verdad le llevó a realizar, a partir de 1922 una serie de noticiarios englobados en la serie Kino-Pravda, donde Vértov se dedicaba a grabar todo tipo de espacios públicos, en muchos de los casos acompañándose de cámaras ocultas y sin pedir permiso. En este contexto, y con la cercanía temática de una película tan importante como Berlín, sinfonía de una gran ciudad (Walter Ruttmann, 1927), Vértov presenta en 1929 “El hombre de la cámara”, donde nos muestra un día en la vida de la ciudad de San Petersburgo, desde el amanecer hasta el anochecer. Este documental urbano, en el cual Vértov se encarga de dejar claro lo real de las imágenes que podemos ver (en gran cantidad de planos vemos al operador de cámara filmando), transmite igualmente algunas ideas políticas del propio Vértov, como su marcado carácter marxista, o su interés por el futurismo, algo presente más bien a nivel ideológico. De igual forma, la fascinación de Vértov por el constructivismo queda patente en la obra.

Así, El hombre de la cámara es una especie de seguimiento a un operador de cámara que filma todo lo que le rodea, y que nos muestra a través de su objetivo (su ojo) la ciudad de San Petersburgo. En este punto, podríamos discutir la vigencia de la objetividad que perseguía Vértov, sobre todo relacionado con ese marcado acento marxista, algo, por otro lado, patente en la sociedad de su época. Pero, más allá de cuestiones políticas, la revolución que supuso la obra de Vértov y su legado (en los años sesenta, la vanguardia francesa, con Godard a la cabeza, fundaron el Dziga Vértov Group, por su cercanía ideológica con las teorías de este) está presente en gran parte del cine experimental posterior, y en diferentes teorías cinematográficas. Incluso se considera a esta película como el prmer videoclip de la historia. “The Man with de Movie Camera” (1929) es una película modernista, vigente todavía en muchas de sus propuestas, y en la que Vértov consigue plenamente sus objetivos. Una cinta indispensable para todo buen cinéfilo que se precie, y una película con la que abandonamos definitivamente los años veinte en Retroscopia, para introducirnos en la década de los treinta, que tantas grandes películas nos ofrece. 


GEORGES MÉLIÈS

Fue uno de los pioneros de la cinematografía, tras sus propios creadores, los hermanos Lumière.
Con la incesante capacidad para el trabajo que caracterizó su vida, entre los años 1889 y 1890 simultaneó sus labores de director del teatro con las de reportero y dibujante en el periódico satírico La Griffe, donde su primo Adolphe ejercía como redactor jefe.
Durante los años siguientes se escenifican en el teatro espectáculos de ilusionismo, cuyos decorados, trucos y maquinaria fueron en su mayoría creado por el propio Méliès.
Cuando el 28 de diciembre de 1895 Méliès asistió invitado por los Lumière a la primera representación del Cinematógrafo, decidió comprar una máquina inmediatamente a los Lumière, que se negaron a vendérsela. Empeñado en hacerse con el invento, optó por construir su propia máquina cinematográfica. El 5 de abril de 1896 proyectó las primeras películas en su teatro Robert Houdin. Eran pequeñas escenas al aire libre, documentales similares a las de los hermanos Lumière. Su estilo evolucionó rápidamente buscando crear películas parecidas a sus espectáculos de ilusionismo.
Hubo sido pionero en la utilización del truco de sustitución de elementos mediante el parado de la cámara, y también lo fue en la exposición múltiple del negativo (doble sobre impresión) y los fundidos a negro y desde negro.
Invirtió una gran cantidad de dinero para la creación del que se consideró el primer estudio de cine, en el que se utilizaron sistemas mecánicos para ocultar zonas al sol, trampillas y otros mecanismos de puesta en escena.
En 1902 creó Viaje a la luna la que está considerada su obra capital, Viaje a la luna. En ella la evolución de la continuidad narrativa cinematográfica da un paso de gigante, al montar la secuencia del disparo del cañón que lleva a los astrónomos a la luna y, a continuación poner en escena un decorado con la cara animada de esta, que va creciendo en travelling inverso y sobre la que acaba aterrizando la nave/bala de cañón clavándose en ella.

Méliès intentó distribuir comercialmente “Viaje a la Luna” en Estados Unidos, pero técnicos que trabajaban para Thomas Edison lograron hacer copias del film y las distribuyeron por toda Norteamérica, y a pesar de que fue un éxito, Méliès nunca recibió dinero por su explotación. Creador de alrededor de quinientas películas, la paulatina transformación de la industria (monopolizada por Edison en Estados Unidos y Pathé en Francia), junto con la llegada de la Primera Guerra Mundial, afectaron a su negocio, que fue declinando sin remedio. En 1913 se retiró de todo contacto con el cine.


LOS HERMANOS LUMIÈRE Y EL CINE

Auguste y Louis Lumière fueron los dos ingenieros franceses que iniciaron el procedimiento cinematográfico con la primera proyección pública, en 1895. Como primeros directores de la historia, suscitaron un entusiasmo permitiendo un desarrollo del cine tal y como lo conocemos.
Generalmente, se considera que los hermanos Lumière son los inventores del cine pero a finales del S. XIX, existían otros con procedimientos capaces de proyectar imágenes o fotografías animadas. En Francia, el Praxinoscopio atraía mucho público en el teatro Grévin. En Estados Unidos, Thomas Edison intentaba imponer el uso del Kinetoscopio.
Sin embargo, ninguno de estos aparatos consiguió el éxito del Cinematógrafo presentado por los hermanos Lumière el 28 de diciembre de 1895 en el Grand Café de París. Este aparato, capaz de rodar, revelar y proyectar una película, fue de inmediato considerado técnicamente superior a todos los demás.
Al ser propietarios de una fábrica de productos fotográficos y al estar familiarizados con las escenas de la vida cotidiana, los Lumière experimentaron su nuevo aparato filmando su entorno. De este modo, “La salida de las fábricas Lumière” fue su primera obra. De hecho, es posible acudir al mismo lugar en el que se filmó, punto que sigue estando dedicado al cine: la Cinemateca de Lyon.
De forma inmediata, se rodó una docena de películas como "El regador regado", donde un chico se divierte a expensas de un jardinero o "La llegada de un tren a la estación de La Ciotat”, proyección que asustó a los espectadores haciéndoles creer que iban a ser arrollados por una verdadera locomotora.

De esta forma, desde sus orígenes, el cine documentaba y distraía tanto como asustaba. Cuando los hermanos Lumière enviaron a operarios por todo el mundo pidiéndoles que trajeran imágenes para sus noticias filmadas, comprendieron que el cine también podía informar


PERSISTENCIA RETINIANA

Fenómeno visual descubierto por el científico belga Joseph Plateau que demuestra como una imagen permanece en la retina humana una décima de segundo antes de desaparecer completamente. Esto permite que veamos la realidad como una secuencia de imágenes ininterrumpida y que podamos calcular fácilmente la velocidad y dirección de un objeto que se desplaza; si no existiese, veríamos pasar la realidad como una rápida sucesión de imágenes independientes y estáticas. Plateau descubrió que nuestro ojo ve con una cadencia de 10 imágenes por segundo, que nosotros no vemos como independientes gracias a la persistencia visual. En virtud de dicho fenómeno las imágenes se superponen en la retina y el cerebro las "enlaza" como una sola imagen visual móvil y continua. El cine aprovecha este efecto y provoca ese "enlace" proyectando más de diez imágenes por segundo (generalmente a 24), lo que genera en nuestro cerebro la ilusión de movimiento.