El concepto es entendido como la representación
intelectual de un objeto, diferenciándose, pues, de lo sentido, lo percibido,
lo imaginado o lo recordado.
Las propiedades de los conceptos son la comprensión y la
extensión: la primera denota las características esenciales que contiene un
concepto, y la segunda el número, la cantidad de sujetos a los que puede
aplicarse, de los que se puede predicar.
Cuanto mayor sea el número de características que
contiene un concepto, menor será el número de sujetos a los que pueda
aplicarse, y viceversa.
En función de estas características se pueden construir
los conocidos árboles lógicos, como hizo Porfirio (siglo III d.c.), en los que
se clasifican los conceptos estableciendo entre ellos una relación de jerarquía
y subordinación, de mayor a menor extensión.
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